Escapada Aveirense

Aprovechando el festivo del Día de Galicia, unos amigos y yo decidimos que era un buen momento para hacer una pequeña escapada, que no pudo haber sido más improvisada, ni más satisfactoria 🙂

Nuestra idea era pasar el finde relativamente cerca, para no perder los dos días viajando. Después de barajar varias ideas, en último momento la ganadora fue Portugal. Evidentemente, a un día de salir, todos los alojamientos estaban llenos. Echando mano al primero que nos dio un apartamento para los 4, aceptamos de buena gana. Pintaba bien.

Salimos tempranito. Bueno, rectifico, quedamos tempranito. Un poco rezagada de mí, como saben aquellos que me conocen, alargué la partida a las 8 A.M. Tampoco está tan mal, no? En hora portuguesa llegaba puntual 😉

Nuestra primera parada fue el Santuario do Bom Jesús en Braga. Es una gran atracción turística, y nos quedaba de camino. Se caracteriza sobre todo por unas escaleras barrocas que salvan un desnivel de unos 116 metros, o lo que es lo mismo, unas escaleras infinitas. Doy fe de que se trata de un lugar de peregrinaje. Os dejo unas fotos porque, a pesar de que subir y bajar estas escaleras con el sol de mediodía no es de lo más recomendable, sus formas zigzagueantes dejan una estampa maravillosa. Los alrededores de la capilla son parajes naturales muy lindos, y los jardines de la zona están súper bien cuidados. Da gusto verlo!

Luego de empezar las vacaciones con deporte… ¿hola? exigí una cervecita. ¿Qué clase de vacaciones no incluyen un refrigerio bien fresquito y si puede ser, alto en graduación? Paramos en una terraza cerca del montacargas, a la sombra de los árboles y con unas vistas a la ciudad de Braga que no dejaban indiferente a nadie. Después de la birrita de rigor, marcamos nuestro destino en el GPS. Para el viaje poca planificación. Pero ganas, muchas, y eso es lo que verdaderamente importa.

Obvio, no teníamos la dirección del hotel y los datos móviles estaban desconectados. Pusimos una dirección que nos sonaba cercana: Costa Nova. Una vez allí, alrededor de las 13 h., echamos un vistazo a la zona y unos cuantos flashes también. Nos encantó la variedad arquitectónica, es un sitio que merece la pena pararse a ver.
Como toda zona turística, centro y costa disponían de una gran diversidad de bares, restaurantes y algún que otro fast food. Ésta fue nuestra primera mala elección. Escogimos una pizzería de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme, basados en la ley de “ahí hay mucha gente, tiene que estar rico”. Para no arriesgar, lo lógico sería haber pedido unas pizzas. Pues tres nos decantamos por un cachorro o, lo que es lo mismo, un perrito bien grande, con su ketchup, mostaza y correspondiente bomba estomacal, y otro se inclinó por la lasaña. Cinco euros de lasaña Gallo, Hacendado, o Lusa, en su propio recipiente de aluminio, acabaron con el buen humor de Eloy, que pretendía comer de italiano en una pizzería portuguesa. La digestión fue lenta.

Más tarde, descubrimos que el hotel estaba a una hora…de vuelta! Era eso, cruzar a nado o cogerse un ferry. Resignados, fuimos en busca del apartamento deseando dejar nuestras mochilas y disfrutar, por fin, de esa piscina de hotel 4* y esas increíbles instalaciones que decían tener. Intentando llegar al lugar, decidimos preguntar a un paisano portugués que se merece un hueco en esta entrada. Luego de estar bastante perdidos por caminos y barrios que no invitaban a quedarse, este individuo, feliz, que rezumaba ese aroma a carajillo mañanero, tuvo la amabilidad de tomarse un tiempo para pensar la mejor ruta, vacilando para él mismo: primeiro cruçamento…no, primeiro no…, hasta que, de repente y sin venir a cuento, me dispara un SEGUNDO CRUÇAMENTO! que deja temblando mi tímpano un par de horas. Vale, no hablamos portugués, pero por favor, no me grite porque le voy a entender de igual manera (medianamente). Nada, me niego a ir de copiloto otra vez.

Localizado ya nuestro alojamiento, y un poco acongojados por la ausencia de vida de la zona, por qué no decirlo, aparcamos y nos dirigimos al hotel. Decir que Jardins da Ria tuvo su momento, probablemente por allá por los 90, y lo único bueno que puedo valorar es que nos devolvieron el dinero de la habitación y el personal fue muy amable. Y es más, os aseguro que las 5 opiniones de TripAdvisor que lo califican como “muy bueno” no son precisamente de gente que se haya alojado allí, a no ser que les guste el olor a humedad, la pintura desconchada o la suciedad en sí. Definitivamente, NO lo recomiendo.

Al borde de la desesperación y de dar vuelta para España, llamamos al hotel que nos salvó el fin de semana: Residencial João Capela. A pesar de que en internet marcaba que no había habitaciones disponibles, nos hicimos con dos habitaciones decentes con cama de matrimonio de verdad (no dos individuales juntas)! Estábamos a apenas 10 minutos del centro de Aveiro, un hotel cuidado de 2* mucho más económico, limpio y mejor situado que el primero que habíamos reservado. El personal fue encantador.

Muy contentos con nuestro alojamiento, nuestro chapuzón y nuestros gintonic, buscamos una marisquería para pegarnos un buen banquete. El marisco en la costa portuguesa es muy bueno y está a muy buen precio. El Restaurante elegido fue A Nossa Casa, y no defraudó. Un marisco excelente y un arroz delicioso. Lo que disfrutamos! Un lugar recomendable 100% tanto por su comida como por el trato. Nos atendió un sonriente y avispado venezolano, que había estado viviendo nada más y nada menos que en Canarias, Madrid y Monforte de Lemos. Nos comentó que Portugal no era su destino preferido, que la gente portuguesa estaba apenada con los fados, y nos regaló una receta de pan con cilantro (hierba que quiero bien lejos de mis papilas gustativas para siempre). Es la única pega que le pongo al arroz de marisco.

Un paseo nocturno por las calles de Aveiro para hacer la digestión fue el siguiente paso, y posteriormente nos tomamos unos elaborados mojitos en uno de los pubs céntricos, mientras sonaba música ochentera de fondo. De retirada para aprovechar el domingo, volvimos a nuestra querida residencia 🙂 Muy amables, nos indicaron la hora del check-out y nos dieron permiso para volver pasado el mediodía a pasar el rato en la piscina. Un lujazo!

Fue el broche final de un domingo caluroso, turístico y feliz, caminando por el mercado de Aveiro repleto de antigüedades, máquinas de escribir, maletas, sellos, cámaras de fotos y un sinfín de cositas increíbles. Además, al lado de un puesto de gorritos de paja artesanos, tuvimos el placer de degustar unos chupitos hechos con chocolate y rellenos de Ginja, un licor de cereza típico portugués muuuy rico.

No pudimos irnos sin dar una vuelta en un moliceiro, barcos emblemáticos de la Ría de Aveiro (por algo le llaman “La Venecia de Portugal“). La ruta nos salió tirada de precio, a 8 € persona por 45 minutos por los canales y con guía incluido!

Y el broche final a esta entrada se lo cedo al pedazo de Restaurante en el que tuvimos el placer de comer el domingo. Por algo tiene un Certificado de excelencia TripAdvisor! Estaba todo riquísimo. El lugar es original en su diseño, no es muy grande y eso lo hace más acogedor. El precio no es para nada disparatado en relación a la calidad de los platos, la presentación, y la amabilidad del personal. Todo ésto maridado con unos vinos deliciosos, hacen de O Bairro un punto gastronómico de primera categoría. Espero tener el gusto de volver a hincarle el diente a ese pato con frutas del bosque y sabor a gloria.

Fotografía: Germán Varela

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